Tus ojos se dilatan, con dosis fuertes de ganas, miedo y curiosidad,
frente a mi cuerpo pequeño y caliente,
tus hombros delatan la expansión de tus pulmones,
temblás más abajo de tu ombligo, te miro a una piel de distancia,
percibo tu cautela y finjo mi guardia.
Me tomás de la cintura, de la espalda, de las nalgas,
tus manos se contienen por miedo a una muerte prematura.
La cautela de tus movimientos, frente a la danza húmeda e implacable de las fricciones
quiebra tus protocolos para no reconstruirlos más,
jadeando los efectos de algo que sabías que podía ocurrir.
Te tengo en las manos y no se contienen,
te entregás sin más que hacer a un contacto directo con tu verdugo;
demasiado tarde para querer vivir todavía atado a tus experiencias de misiones monótonas,
no hay vuelta atrás, vas cayendo en un juego cósmico pactado por mis caderas.
PERO... no te voy coger.
-sería muy poco-
Te voy dibujar en la memoria, lunar a lunar,
dedo a dedo, cada recoveco, a eternizar;
cabalgando a quema ropa tu caballo de acero desde mi interior caliente y apretado.
Te voy a constelar con mi cuerpo las manos,
a escribir nuevas historias en el firmamento de tus muslos,
cumplir los deseos que nacen por debajo de tus parpados excitados,
a descifrar el alma y las cien historias sobre el motivo de tu existencia,
Lo que se precise, para trascender las cúspides que alguna vez hayas llamado así
gracias a la ingenuidad de la pornografía.
Voy hacerte una interrupción divina sobre el fluir del destino...y puedo.
No te voy a coger, decir éso sería muy poco.