Quiero comerme una casa vieja,
las ultimas empolvadas veces de esperas
en la ventana,
la cama, la mesa, la cocina y todos los
lugares
que humedecieron las pasiones,
comerme el moho espeso de las peleas
arrinconadas,
las pizadas cansadas, las idas al baño
en la oscuridad.
Quiero comerme una casa vieja, las
enredaderas del jardín,
las paredes que consumieron las luces
de las horas,
las sillas y las telarañas vibrantes
con el viento,
todas las marcas en el piso que
hicieron los muebles,
las oraciones que guardan los platos,
las pinturas baratas, el corazón de la
pared de madera.
Quiero comer una casa vieja, la mía,
para por fuerza tener por dentro
siempre a donde regresar.