Los papales en blanco de mi casa se
llenan con tus rasgos,
se pueblan con las lineas y puntos que
te componen,
se crean sobre ellos todas tus
dimensiones.
La miel espesa de tu ojos se cae por
gotas y llena todas mis tasas.
La muerte de los árboles,
no es suficiente para resguardarte del
olvido,
necesito mirarte por largos momentos,
memorizar las coordenadas de tus
lunares,
las texturas frutales de tu piel,
ponerte todo sobre un papel...