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Marinas

Cómo brujas desnudas y nocturnas dejamos que la sal plagara nuestros pechos, que de las olas se construyeran faldas oscuras y bailarinas, espejos del cielo y testigos de los temblores de nuestras caderas, la luna se hizo diadema y corona, nuestras gargantas el chillido de la mona que asusta a los chiquillos y nuestro vientre estaba como la mar cargado de tempestad y fuerza.