La niña blanca lo estuvo viendo por la ventana,
él aún no la quería dejar pasar, pero ella le sonreía
y al final del día dejaba las marquitas de sus huesudas manos, en la celosía.
Ella no es mala, pensó él,
-me ha dejado contar la última historia.
La niña tan flaca lo cargó en sus brazos
dejando una estela y un reguero de lagrimas en el piso
de la sala, que pocas veces como ahora esta tan llena.
La niña santísima muerte, casi como todas las mujeres,
sabe con cariño y sin remordimiento traer y sacar del mundo a la gente.
La niña blanca miraba con él a toda la gente en la sala
desde abajo del cristal...
(ánimo)