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Imanes

 Hablamos y entramos en un juego donde no cabe el azar,
un juego que inflama poquito los ojos y deshincha la lengua,
ata los vagos y perezosos cabos que se nos escaparon una vez,
quizás, por que no estaba la luz encendida y tampoco los oídos.
Hablamos, pero aunque pudiéramos hacerlo mil horas seguidas,
no encontraríamos todas las respuestas a este par de imanes
que nos sujetan aún en la distancia, que nos comunican ecos remotos,
que nos llaman a estar la una con él otro...
Hablamos y entramos en un juego donde quién gana es el silencio,
el tacto, el paladar, y la fuerza de esos grandes imanes.