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Poderosa

Los arboles frutales besan las puntas de las narices,
el viento intruso toca y señala el agua del río,
aún hay respiración entre el monte seco,
aún entre tanto incendio, entre la bolsa que vuela junto al ave.
La naturaleza se revela,
despues de los partos habre sus piernas volcánicas e incha todas sus venas,
se muestra seductora y deja caer sus hojas para acariciar todo,
reta a todos los poros para que la sientan, para que la inhalen,
abraza como una boa y hace que se desee también a la muerte,
pinta nuestras mejillas en cualquier playa o cerro.
Endulza las noches con el olor de las reinas,
zabotea con la luna a cualquier ridiculo intento mortal de romanticismo,
inunda y enviá a todos sus cazadores, pero también a sus presas
a mostrar todos sus colores a aquella hija cualquiera que le malagradezca.
Porque aún así, es madre, es diosa y es mujer.
Los arboles frutales besan, enchilan, pero no muerden.