Nací chorrito montaña abajo,
rocío vegetal en asociación y fui llanto, animal y sabia, fuente líquida del espesor,
me resbalé total y despacio, cuide la huella del tigrillo, guardé el cansancio del colibrí
y un día ventoso de algún año en ojo de agua me convertí,
cruce el potrero, la loma, el cerro, lavé las ropas, vacié la sed, moje a los guilas,
rompí las rocas, moví la cuna del terciopelo, boté las casas, las destruí...
y ahora ancha, rellena y calma guardo el alma del manatí;
y por gracia del parto eterno de pachamama, cuando naciste, en mar me vi.