He descubierto la montaña, la llanura, el lago de mi espalda,
la he sentido tersa como si el viento la soplara,
es una pista de aterrizaje para el agua, sudor, la sabia.
Es el árbol que plantaron mis abuelos, los de ellos, los de ellos.
Mi espalda larga y estrellada es un río cósmico de lava
-funde cuerpos funde almas-
Se encallan las manos en la complejidad de sus corales,
en el canto de mis cabellos al encontrarse con los lunares,
es un viento frío, un llanto de sabana, un cuento, un arma.
Es quién me sostiene al calor de sus amarras.