Si mil veces tenía que pasar a su lado, mil veces lo hacía, estaba tan obsesionada con él, que el hedor de su cuerpo en vez de espantarme me atraía, tal vez ese desagradable aroma, por llamarlo de algún modo, me podría contar algo más sobre él, a quién en adelante llamaré el personaje.
Me tenía a tal grado intrigada, que se convirtió en motivo de mi investigación; todos los días al dirigirme a trabajar pasaba por aquella calle donde habían en las esquinas montones de basura, bolsas grandes que contenían bolsas más pequeñas y bolsitas, basura inorgánica y orgánica, todo tipo de tiliches, era ya parte de la vida y la muerte cotidianas, ver los montones de basura en las esquinas y yo todos los días víctima de mis constantes observaciones no podía evitar mirarlas, hasta que lo encontré a él en uno de esos montones, un rostro humano entre la basura muy bien camuflado…un indigente pensé, pero era eso realmente? Una tormenta de dudas me poseyó desde entonces, debía saber más, necesitaba saber más.
#1-descripción: Se asustaran o tal vez no crean, pero trataré de ser fiel a la realidad en mi descripción, para que así también ustedes lo conozcan.
Su cabeza era pequeña, un poco más pequeña que la estándar, su rostro invadido por una barba abundante que nacía un poco más del medio de las mejillas, mejillas, debo mencionarlo, muy limpias y rosadas.
Su cabello alborotado cubierto por una bolsa de Wal-Mart, como un sombrero inusual, sus manos deformadas no tenían quizás la movilidad necesaria, tal vez por la costumbre de llenarse hasta los hombros con bolsas de manigueta repletas de “basura”, sus pies con un par de zapatos, tal vez él los usaba porque veía que los demás se los colocaban ahí en los pies, que por cierto también estaban inmóviles o tan solo el personaje no los quería mover y ya. Tenía puesta una ropa, unos harapos, un abrigo pesado azul oscuro, pero sus ojos, sus ojos eran para mi algo paranormal, oscuros y profundos llenos de palabras, tristezas y una que otra alegría, hablaban sí, esos ojos que yo al pasar buscaba desesperada; pero sus labios, difíciles de ver entre la barba, no se movían.
#2-camuflaje: Se escondía con facilidad entre los montones de basura, me era difícil poder verlo a veces, lo digo porque yo pasaba muy lentamente por cada montón para solo encontrarme con esos ojos, para que se animaran a contarme algo, lo que fuera sobre su vida. De verdad créanme cuando les digo que él parecía basura, y tal vez quería además serlo.
El siguiente punto, ya que lo he expuesto así, será el más complejo, del que todavía difiero, del que he sacado la mayor parte de mis deducciones:
#3-Comportamiento: Después de meses de observarlo, supe que tenía un comportamiento poco común, todavía para ser sincera no tengo la plena seguridad de que éste fuera común o no; pasado triste, 57 años como aproximado, sin madre, y un padre que fuera lo mismo no tenerlo, él de joven drogadicto, solitario, aficionado a la lectura de tiras cómicas, no me atrevo a decir que era alcohólico porque nunca a m i parecer estaba en ese estado, siempre estaba sobrio.
Creció y entró a la adultez con un sinfín de malas experiencias, ignorado, rechazado, tal vez tenía como amigo a un viejo perro, pero no quiero hacer de este estudio un melodrama, mi personaje pudo haberse cansado de todo, de la familia perfecta, de los estudios que se yo, y decidió aislarse.
Entró entonces en este estado de aislamiento y dejó de hablar hasta el punto de olvidar como articular las palabras, así también su cuerpo se olvidó de la cotidianidad de los movimientos, sufrió un trauma, un padecimiento mental muy severo (me equivocaría en decir autismo, ya que no sé de estos temas, solo soy una observadora) en el que el personaje ya no era un ser humano sino lo que el humano desechaba, convirtiéndose en eso, creyéndolo ser, oliendo como ella y estando inmóvil…
Lo vi un vez extender con dificultad un periódico, mi sorpresa fue enorme, se está moviendo, me dije, pero faltaba más, no, no sabía leer, me di cuenta de ello porque lo estaba haciendo como un niño pequeño, cuando ve a otro hacerlo, por imitación, sus ojos estaban fijos en el papel, no se paseaban sus pupilas en el vaivén de izquierda-derecha.
Yo me volvía loca suponiendo una y otra cosa sobre aquel hombre, un pasado y un presente para él, no sé… ¿se llamaba tal vez José? Mi obsesión crecía, la sociedad tiene sin duda el monopolio de creación de personajes, la culpa, no sé porque también empezó a colarse en mis pensamientos, somos culpables de estos estados en blanco, de estas lagunas del olvido, de estado de “nada”.
¿Por qué no me había animado a hablarle a preguntarle cara a cara quién era?, mi curiosidad llegó al límite:
-buenos días, le dije. Y recibí un gruñido, un fuerte gruñido.
Fin